No estoy muriendo, pero aún así pasan frente a mí fotos a color de película vencida, justo como los clichés, justo como esos amores ya perdidos. Inento buscar en mi mente las justas palabras, pero no hay justas palabras, no existen, hoy no ni mañana tampoco. Entonces a veces me dan ganas de sacar a todos de mi mente y congelarlos, bailar y viajar, bailar y subir, bailar y no volver.
Inento ser mas compasiva, mas humana, y sólo a veces puedo. En ocasiones tengo tanta frustración que de tanta que es podría olvidarme de todo, y tú podrías convertirte en una laguna mental, y así todo sería un poco más rapido y no doloroso. Pero así no funciona esto. No puedo correr con este peso, no puedo intentar huir si apenas puedo mover las piernas, es como en sueños, quiero volar y se me hace difícil como correr en el mar, y la corriente y la dimensión simplemente no me dejan. Entonces me guardo toda esa hermosa melancolía y la meto en mi bolsillo.
Tantas palabras, tanta tinta, tantos besos, tantas veces y ahora, no hay nada. Nada más que recuerdos etéreos deformados por el paso del tiempo. Yo quisiera borrar tu último rostro y no recordarte así, tan triste y desgastado, tan feo. Quisiera volver a pasar por los lugares que eran nuestros y no sentir esa pena enferma, que casi casi me quiere hacer caer, que sólo se queda en intentos.
Ya no quiero verte, no quiero saber de tí, ni siquiera quiero escucharte. Y me siento tan mal porque en verdad deseo perdonar esto, deseo redimirnos, deseo demostrarme que soy mucho más fuerte de lo que creía, que sería, y de lo que he sido. Aún me siento tan traicionada, pero no quiero dormir eternamente, sí quiero despertar y no verte. Quiero mirar al cielo y tener certeza de que ya no estas ahí, quiero hablar del amor sin que tenga ningún nombre, quiero volver a jugar y que no sea contigo. Necesito sanarme de esta enfermedad del recuerdo, del cuerpo y la costumbre. Ya no haré mas cuestionamientos ni hipótesis ni enfermitas preguntas a mi mente enferma.
De verdad quiero perdonarte y sacar tu nombre de mi presente, dejarte ir. Dejarte ir y dejarme ir. Y si esta vez se me quemaron las alas por andar muy cerca del sol, como a Ícaro, procuraré asegurar mi vuelo para la próxima oportunidad, construiré otras alas, más grandes, con ayuda de alguien, donde quepan dos, no solo yo.
Abrí los ojos y ví que puedo volver a mi origen como los elefantes, y morir sin tí.
Comentarios recientes
hace 3 años